Lylyan Rojas
Para Rilke, poeta simbolista, la poesía era esa suerte de religión poderosa cuyas correspondencias permitían la conexión de todos los seres entre sí y de todos los seres con la totalidad del universo.
Escribir era la única opción para completarse, para juntar sus partes tan dispersas y acercarse a lo total y eterno de la vida, transformándose duramente en palabras.
Ya decía Valéry que un deseo no puede ser ilusorio (Valéry 18) y aunque atravesamos solamente la idea de la perfección como la mano corta impunemente la llama; pero la llama es inhabitable (19), es preciso exigirse largas y rudas obligaciones; son necesarias la voluntad y la técnica de esculpir el poema. Rilke lograría así permanecer eterno, pues el poema no muere por haber vivido.
El artista y su obra son una misma esencia. Aferrase al arte con la fe de una religión y crear, llevar a cabo una obra, es lo que da sentido a mi mundo. Gesta nace del encuentro entre dos universos que convergen en estas ideas; dos, que vamos por la vida doliéndonos el Alma a veces, otras muchas delirando de júbilo, pero con la necesidad inagotable del hecho artístico. Esta es nuestra lucha, contra la velocidad de los días, contra la pesadez de lo insulso, contra el oropel que nos embelesa, para lograr alzar con vehemencia la obra.
Buscar los hilos para liarnos, darle forma a estos vacíos, dejarse esculpir por los temores y decantarse por completo en la creación. No sucumbir ante lo inmóvil que genera contemplarse de frente, precipicio; torear espantos, rumiar baba seca entre el caos, pero hacer, hacer cosas con la angustia.
Nuestra realidad es la realidad de la guerra, una guerra interminable que viene de un tiempo del que ya no tenemos memoria. Nuestro mundo es un mundo sin tierra, sin raíz, a la deriva. Tenemos que dejarlo todo y partir hacia lo incierto. Por las calles, sin dirección, van los parias, los desplazados de sí mismos. Gesta es la historia de una mujer que son todas las mujeres que llevan en su vientre el germen de la vida; dar a luz es su naturaleza pero para qué, en dónde. Es la mujer que pare a lo incierto y que a su vez lleva dentro una certeza, una posibilidad, una fuerza creadora. Gesta no nos menciona un lugar en particular, un pasado específico o una identidad precisa, porque Gesta no tiene lugar, ni pasado, ni identidad.
Es la humanidad en su cataclismo eterno, en su desarraigo; es la sensación de ir por la nada. En Gesta la mujer prefiere que el hijo permanezca en la tranquilidad de su vientre, que no nazca, no que muera, sino que viva una suerte de eternidad. Por eso le narra historias de la creación, aun cuando ya no hay nada creado, entonces su palabra crea y el bebé es la creación misma. Gesta es la necesidad de hablar de nuestra realidad política y social, sin llamarla de ninguna manera, sin realismo exacerbado, sin amarillismo. Es hablar de las víctimas de la guerra sin fotocopiarlas, sin hacer de su testimonio la repetición de su sufrimiento o la expurgación del mismo. Gesta es una búsqueda de lo poético, un ahondar en las metáforas de la vida que pueden conectarnos profundamente con el universo, con lo esencial; en ese viaje de la imaginación que le crea alternativas al mundo.
La revolución de Artaud en el teatro ha sido determinante de nuestra manera de concebir el arte; el teatro deberá ser un espacio de comunión entre todos los seres humanos si reencontramos su significado metafísico: "Se trata pues para el teatro de crear una metafísica de la palabra, del gesto, de la expresión para rescatarlo de su servidumbre a la psicología y a los intereses humanos. Pero nada de esto servirá si detrás de ese esfuerzo no hay una suerte de inclinación metafísica real, una apelación a ciertas ideas insólitas que por su misma naturaleza son ilimitadas, y no pueden ser descritas formalmente. Estas ideas acerca de la creación, el devenir, el caos, son todas de orden cósmico y nos permiten vislumbrar un dominio que el teatro desconoce hoy totalmente" (Artaud 102).
El camino ha sido el del laboratorio de experimentación escénica, en nuestra necesidad de abordar el teatro en las rutas de la investigación. El texto dramático y el texto escénico de Gesta han nacido el uno del otro. Partimos de una estructura dramática que contenía el movimiento general de la obra y nos lanzamos al abismo, llenos entonces de pre-textos: el Libro del desasosiego de Pessoa, especialmente En la floresta de la enajenación, fue un germen de preguntas sobre el sentido de la existencia, que nos sumergió en un universo tedioso y lleno de Saudades por aquello que se ha perdido y que se sabe nunca volverá. Mitos creacionales de diversas culturas ancestrales nos ayudaron a amarrar el sentido que tiene para el personaje el narrar, concibiendo "La palabra" como fuente creadora, pues sólo con nombrar algo ya le dotamos de existencia. La idea infinita de Las mil y una noches, donde Scheherezada pretende retardar, mediante sus historias, la hora de su asesinato; y posteriormente Nada está donde se cree, exposición de Graciela Sacco en la que aborda poéticamente temas como el exilio y los desaparecidos en la dictadura de Argentina; el Basta ya! Colombia del Centro Nacional de Memoria Histórica; Moby Dick; entre otros, entraron a formar parte de este diálogo intertextual.
Gesta es una pieza polifónica en la que diferentes lenguajes dialogan entre sí, contrastan y converjan en su diferencia, buscando un cuerpo sólido y armónico. La imagen poética ha sido el camino de la composición escénica. La escenografía está compuesta por una estructura tetraédrica que se desplaza sobre una superficie de agua. El tetraedro es la forma más simple que existe en tres dimensiones, se auto-equilibra, tiene una connotación mágica en diferentes culturas ancestrales y místicas donde, asociado con la divinidad, tiene el poder de la creación, de la imaginación. Por ello es el espacio escénico de la gestación, donde el bebé se hace símbolo divino. El agua nos conduce por un espacio infinito; nos sitúa tan cerca del líquido amniótico y nos lleva al principio de los principios donde no había nada en el mundo, solo agua. La investigación de la imagen poética ha sido muy fuerte en el campo de los títeres de sombra. Hemos ahondado en la manera de volver tridimensional una silueta, en la síntesis de su expresión, en su contraste con el cuerpo de los personajes, con la música y con la palabra dramática. La confluencia del concepto y la forma, el análisis de lo estético, constituye uno de los grandes problemas escénicos que deben ser parte fundamental de la investigación de toda compañía teatral.
El proceso de montaje ha estado lleno de vaivenes y conflictos propios de un arte vivo. En un primer taller de sensibilización y exploración corporal abordamos ejercicios de relación que buscaban llevar al cuerpo, desde la emoción y la sensación, ideas que teníamos abstractas, como la ausencia, la convulsión y la deriva. En un segundo momento de improvisación para la creación de personajes y situaciones escénicas, notamos que nos deteníamos constantemente a pensar, a debatir una y otra vez una idea, incapaces de realizarla en toda su profundidad, nos sentíamos nadando en un lodo conceptual.
No conseguíamos asir la obra. El transcurrir del tiempo, la responsabilidad de ser becarios, la necesidad de alcanzar un resultado determinado que se sustentara digno ante un público, entorpeció un poco nuestra confianza en el camino. Pero la constancia del ensayo aunó la reflexión, el temor y la praxis y hoy nos encontramos en la fase final de montaje, en la búsqueda de la verdad escénica, jugando con los ritmos de la escena, con los tempos internos de los personajes. Es la pieza la que ahora nos está hablando, para que le permitamos ser lo que ella es, lo que será, otra, incluso distinta a la que habíamos imaginado.
Nos interesa poner en diálogo con el espectador nuestras preguntas sobre el devenir de la humanidad, sobre nuestro oficio teatral, sobre el sentido que tiene levantarse cada día y seguir viviendo. La Beca de creación para Jóvenes Creadores Directores del Ministerio de Cultura 2015, más allá de hacer posible un espectáculo, ha hecho posible un laboratorio.
La academia, parte vital de nuestro ser y proceder, ha sido el dulce abre bocas hacia un mundo profesional que cada quien construye a su medida.