Cómo llegar a veinte: (20 años de la Revista ATeatro)


Autores

Henry Díaz Vargas

Escuela Superior Tecnológica de Artes Débora Arango, Envigado, Colombia

Resumen

En este artículo, Díaz da pormenores detallados de la experiencia de dirigir una revista especializada en teatro durante dos décadas. Frente al pesimismo frecuente que circunda la actividad editorial, respecto a la difícil tarea de obtener reflexiones para la revista, lograr una continuidad cíclica- en este caso anual- de las publicaciones, participar constantemente en distintos movimientos y programas estatales y privados, dialogamos con un dramaturgo prolífico, entregado a apoyar el universo teatral de Medellín, dispuesto a seguir defendiendo un medio de comunicación eficaz para profesionales y amantes del teatro colombiano.

Palabras clave: Revista teatral, Dramaturgia, Veinte años, Ateatro

Abstract

In this article, Diaz gives particular details from the experience of directing a specialized theatre magazine for two decades. Front the frequent pessimism surrounding the publishing activity, the difficulty in obtaining reflections for the magazine, the a degree of continuity of the publication -annual in this case- the constant participation in many government and private programs, we talk with a successful playwright, ready to support theatrical universe of Medellin, prepared to stand for an effective way of communication for professionals and lovers of Colombian theatre.

Keywords: Theatrical magazine, dramaturgy, twenty years, Ateatro

Ateatro

“Todo lo que hacemos, Lo que sufrimos, Lo que gozamos Deja un eco, Una música a lo lejos” Poética, de Fernando Linero

Ser o no ser pesimista es cuestión propia. Hasta de selección, según el talante del tiempo en que se vive, la edad que se tenga y las necesidades propias de lectura, consulta o investigación. O según la butaca desde donde se observa. Sin embargo, mirar hacia atrás, mirar revistas de teatro que se han publicado durante veinte años le da a uno cierta holgura en eso de pensar sobre el pesimismo. Un país como el nuestro, no conozco otro como este para decir comparativamente, un país donde la cultura teatral lucha positivamente para que dejen de pensarla como eventos de caridad o actos conmemorativos de días cívicos, ya es mucho decir. El teatro en nuestro país ya tiene personalidad propia en una buena parte. Y, en esto, tienen mucho que ver la comunicación entre los grupos, entre sus integrantes, las escuelas de teatro, los medios masivos de comunicación, los festivales, las muestras, el acorte de las distancias informativas y las revistas entre tantos otros y otras posibilidades.

Portada de Revista #1

Hablar de la revista A teatro se me hace repetitivo frente a las condiciones para sostenerla, pero no hay otra cosa qué decir o escribir, porque las condiciones siguen igual de confusas que hace veinte años, en cuanto a la financiación, más no en cuanto al contenido. Nunca habrá apoyo económico suficiente sin que medie una lucha titánica con el Estado para arañar recursos y se da por descartado el apoyo privado; en Medellín eso es impensable. ¡Ojalá esté equivocado! Pero siempre habrá apoyo moral de los amigos y, además, denuestos de los que no gustan que se hagan estas cosas bien elaboradas en su forma y bien planteadas en su pensamiento. Pero siempre habrá de qué hablar o escribir en una revista especializada de teatro. Siempre hay grupos jóvenes y viejos teatreros que renuevan su balumba de sabiduría, también gente que le gusta leer y hasta instruirse teatralmente.

La inquietud severa frente al hacer es ¿cómo diablos la menguada Asociación de los Tra- bajadores de las Artes Escénicas, fundada también hace 20 años, Atrae, ha hecho con todas sus dificultades y transformaciones para sostener la publicación de la revista y llegar al número veinte al cabo de igual número de años en condiciones tan civilizadamente bárbaras y criminalmente neoliberales?

Portada de Revista #20

Si miramos a Medellín cuatro lustros antes, 1994, encontramos un boom escénico, un hervidero teatral creativo, dinámico, académico, polémico, literario, comprometido, independiente, solidario y sobretodo vital en su pensamiento, proyección y marcando diferencia a nivel nacional. Agrupaciones, unas dinámicas, otras pasivas y tranqui- las, las que desaparecen como aparecieron y las que perduran como si nada. Emergieron intentos dramatúrgicos con nuevos fundamentos más allá de la inspiración. Se sostienen algunos, con el criterio de la producción grupal aislada e independiente de los auxilios, con mayor o menor calidad en la experiencia estética. Esto fue gracias a excelentes dramaturgos extranjeros que encontraron algún terreno apropiado para la escritura coherente según la necesidad expresiva y la claridad para los que entendieron que esto de escribir es un oficio, con todas sus aplicaciones e implicaciones y no un señalamiento divino que puede sacrificar un mundo para pulir un verso. Son los personajes los que se expresan en determinadas circunstancias. Por ahí radica, entre muchos otros meandros, el valor dramático de los textos que, en últimas, son puntales; que sostienen la maquinaria creativa del teatro de nuestros tiempos, como en otros tiempos en otras latitudes, por supuesto.

La dinámica del teatro a veces se calibra con la producción de textos, montaje de obras, circulación de las puestas en escena, foros, seminarios, conferencias, lecturas dramá- ticas, crítica, investigación y apreciación, publicaciones, lanzamientos de libros, etc. Esto se alcanza a vislumbrar con la certeza del documento en las veinte publicaciones de la revista. Debemos tener en cuenta que la revista A Teatro no sólo se circunscribe a la publicación. Junto con Atrae y otras instituciones teatrales como la Academia de Teatro de Antioquia, entre otras muchas, se organizan seminarios de carácter académico y pedagógico, foros acerca de diferentes tópicos, desde discusión de directrices del Ministerio de Cultura hasta políticas municipales que afecten el que hacer teatral, talleres sobre las artes escénicas, encuentros, funciones, edición y presentación de libros, etc. porque como señala su slogan: A Teatro ¡es un escenario más! Por fortuna, se ha buscado, pues, poner la experiencia escénica en común: desde su gestación en idea hasta su observación de “la puesta en relieve”, como dice Gilberto Martínez, como espectador de la obra.

Contraportada Numeros Anteriores

Ahí entra en juego la táctica y la estrategia de A Teatro. La revista no sólo es biela sino aceite del engranaje teatral de la ciudad. Observa, analiza, opina, empuja y ruge por su actividad creativa. La revista ha encontrado un nicho a nivel cosmopolita en los festivales internacionales de teatro, donde se distribuye, intercambia, se solicitan artículos, etc. En su consejo editorial hay personas creativas en todos los sentidos que discuten, opinan y se expresan con absoluta libertad y diversidad de criterios. También los invitados al Consejo, los asesores y colaboradores permanentes de otros países han hecho posible estos veinte años y veinte números.

Según nuestra primera revista, año 1996, las suscripciones invitan a los tres números anuales que se pensaban sacar, a solo $8.000 los tres números para Colombia. ¡Ambición del proyecto! ¡Qué maravilla haberlo pen- sado así: eso es soñar en grande! Y ahora al cabo de veinte años se han publicado 20 números, lo que equivale a un promedio de uno por año, y a $16.000 cada una para Colombia, hoy en día, año 2014. Sigue en juego la maravilla como si fuera un artilugio literario.

Con la diletancia proverbial de todos nosotros, los creadores teatrales, la maravilla se hace mayor. Y con el tiempo que pasa y cuando al creador sus fuerzas le alcanzan, no para crear por voluntad sino por la frustración -como diría el poeta- creo que hay fuerzas mayores que hacen que esta revista tenga la presencia lograda y respeto merecido hasta el momento.

¿Cómo se mantiene una presencia tan precisa, indispensable e identificable por su aporte al movimiento teatral? Rodrigo Toro lo señala como el granito de arena de la revista y yo lo transcribo por su importancia en la participación directa de: “la ley de la Cultura, la Ley del Teatro, el Programa Nacional de Concertación, El Programa Nacional de Estímulos, La Po- lítica de Formación de Públicos, la puesta en marcha del Sistema Nacional de Teatro, integrado por los Consejos departamentales y locales y la figura del Congreso Nacional”. Esto a nivel nacional. A nivel local la participación de la revista se ha constituido en posibilidad creativa para la experiencia artística teatral. Así, vista desde la garita de los veinte años, es posible entender el porqué de los veinte números de la revista.

Portada de Revista #18

¿Cómo hace una revista para avanzar entre tantas otras, que ya son memoria y olvido pero que, por fortuna, queda su constancia en los anaqueles para la investigación o consulta adrede o impuesta por profesores amantes o frustrados de teatro? A veces uno se pregunta ésto, sobre todo cuando ve pasar el tiempo árido de publicaciones con contados oasis y se cree el cuento de que la mentalidad pesimista, si nos ha abordado en tiempos aciagos, ha sido derrotada por enterezas como la de Juan Pablo Ricaurte.

Portadas Revistas A-teatro (Varios Numeros ) Medellin

Juan salió del grupo de teatro del Colegio Marco Fidel Suarez de Medellín a principios de los años ochenta, fundado por profesores, entre los que se encontraba Amado Lopera y que también dirigió, quien les escribe, por dos años. Luego Juan estudió recreación, hizo cuentería, estudió asuntos de ciudad, el Arte y la Cultura, la gestión cultural, armar programas de auxilios y estímulos; se forjó en las luchas con Colcultura, luego se dedicó a la creación del Ministerio y a enfrentar las Secretarías, Institutos y tan- tos adefesios oficiales. También se dedicó a armar Congresos, Festivales de teatro local, nacional e internacional; a producir obras, a propender por los derechos de los hacedores de Teatro. Actualmente, es docente y dirige la revista. Lleva adelante tanto a ATRAE como a la revista A TEATRO. Desde su fundación ha arrastrado, sobre sus espaldas, las voluntades azarosas de los miembros del Consejo de la revista y de los colaboradores nacionales e internacionales. Amén de las afugias que rodean un equipo ad honorem y que lucha por la sobrevivencia en el medio, la dificultad de conseguir los textos, más los intríngulis que merodean los pasillos oficiales y los nudos de los estímulos. No le ha sido fácil a Juan Pablo Ricaurte.

No soy quién para predecir qué va a suceder en el tiempo con los próximos números de la Revista porque, a ratos, ve uno a Juan Pablo con visos de derrota y angustia: más por la condición humana del debate personal con la vida, el medio, los mercachifles de las Artes escénicas, que por la circunstancia de la publicación. Al día siguiente algo nuevo ha borrado los vestigios de la borrascosa desazón; ese panorama de cualquier día perdido le ofrece a uno pícaras anécdotas entre lo irónico, lo filosófico, lo titánico y lo fantástico. Bordear la demencia creativa. Es la única salvadora en estas actividades editoriales teatrales que han hecho posible que, ser o no ser pesimista, sea una cuestión propia. Nunca nos habíamos preguntado el cómo pero siempre nos preocupó el porqué. Y ahí va la revista ATEATRO… Ya me pidió Juan Pablo el artículo para el próximo número… Me acabó de llamar para el número 21… No puedo ser pesimista. Tenemos Consejo editorial próximamente… Qué vaina y con todo lo que hay por hacer… ¿Cómo pasar de veinte?